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title: "Normalizar las rabietas"
date: 2026-01-29
categories: crianza, social
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Hoy, en los dos extremos de la barra de la crianza: el adultocentrismo, que parece que dejamos atrás y el niñocentrismo. La crianza respetuosa, libre, montessori. Comprende a tu hijo, deja que experimente sus límites, no le grites, dale autonomía, fomenta su poder de decisión. Vamos leyendo de distintas fuentes hasta la extenuación sobre cómo abordar esa complicada etapa de las rabietas. Comprendiendo qué y qué no podemos esperar o pedir a nuestros hijos. Abordando distintos métodos para salir, evitar o predecir las rabietas. Ponte a su nivel, valida sus sentimientos, deja que explote, enséñale a canalizar su rabia, dale una salida. Acércate, que sepa que estás ahí pero no demasiado, pero no te vayas.
Sin embargo encuentro poco normalizada la salida en muchos de los casos donde después de intentarlo todo, en función de la creatividad, cansancio y hartazgo de la situación, llega el "lo visto a la fuerza", "lo agarro y lo saco de la carretera y me lo llevo a casa". Puede parecer obvio, pero nos centramos en no chillar, en reconocer cómo nos respetaron o no en nuestra infancia y validar a nuestro niño interior, pero no veo con suficiente frecuencia lo que imagino que será la realidad para muchas familias: si no funciona autónomamente tomo el control de la nave y hago las cosas a la fuerza.
Ojalá en este mundo 'fancy' de falsa sinceridad se viera más honestidad. Que es lo que encuentro en el parque, hablando con otras madres y padres. Es duro, si no te has encargado de nadie, y relativizando esa dureza alejándonos de otras situaciones, hacerte cargo de alguien en una sociedad que nos vende autonomía y autosuficiencia por encima de todo.
En realidad en mi fantasía onírica de Curso de Rabietas para Padres, el aprendizaje no es para gestionar esas complicadas e incómodas situaciones con niños si no para dominar la humillación interior, la ira, la rabia herida que sufrimos cuando estamos a cargo de una. En la primera sesión cerramos los ojos, inspiramos hondo y pensamos en un sitio relajante al que queramos ir. A continuación un breve impacto en nuestra coronilla, está fresco, húmedo: es un huevo cascado en nuestra cabeza que va resbalando por nuestra nuca, pringándolo todo. No te muevas, no pierdas el ritmo de la respiración, no destroces nada, lo estás haciendo bien. Eres un buen padre.
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