El emperador

Lleva cinco años con nosotros. Como buen adoptado tiene una edad indeterminada de unos diez años. Ahora con los niños, el Emperador, como yo lo llamo, tiene un reinado dormilón. Se aleja de los problemas que los pequeños le pueden ocasionar y aunque su pasado joven fue menos agitado no tengo claro que desprecie las vidas creciendo a su alrededor. Hemos reducido sus paseos. No le damos premios y lo mantenemos en forma. Tardamos más tiempo en cepillarle de lo que tarda en dejar por el suelo el material necesario para fabricar un edredón. Pero en su cansancio perpetuo creo que valora la compañía aunque no sea todo lo tranquila que preferiría el emperador. Ayer hizo compañía a mi abuela mientras comíamos abajo y al volver nos dijo tan contenta: no ha parado de seguirme en todo el rato, allá donde iba yo, me seguía y se ha comido la mitad de todo lo que me he puesto en el plato.
diario

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