# El que siempre va corriendo No pude identificar a una vecina en el contexto del mercado. La mujer me recuerda a mi abuela, no como anciana, sino como persona y maquillaje. Pelo bolita, cejas permanentes e incluso una variante muy aproximada de las gafas que lleva. Podría ser una doble suya aunque a mi abuela esa posibilidad le parecería ofensiva. Cuando por fin caí en la cuenta de quien era, ella me identificó con: ah, tú eres el que va siempre corriendo. Mientras terminaba la carrera me bloqueaba el cliché del hombre gris con el maletín que asiste deprisa a sus compromisos con rostro severo y serio comprobando las notificaciones del móvil. Pensaba en el sinsentido de ese calendario eterno, saltando de un evento al siguiente hasta la llegada de las próximas vacaciones. Esa era la imagen del capitalismo, un vagón de metro o una autopista atascada lleno de hombres grises. La realidad es mucho más compleja pero en el mercado me vi desde fuera: soy un hombre gris. Igual no es con un maletín pero sí tirando de un carro, corriendo para no llegar tarde. Corriendo para no ir todavía más rápido a lo siguiente, pero sin dejar de ir deprisa. Llevo unas semanas pensando en ello, en que no quiero ser el que va siempre corriendo, pero no puedo escapar. Tengo que dejar a los niños y volver al trabajo y no hay conciliación que lo alivie. Quiero poner una cámara lenta en algunos momentos y ser más consciente. Prestar atención. 28.10.2026